lunes, 16 de abril de 2018

NO PASO NADA...SOLO FUE UN BESO”


El beso. El recuerdo de un beso y de todo lo que le rodeó viene a nuestra memoria de forma recurrente sin poder controlarlo.

El beso. El acto más íntimo, emocional y comprometido entre dos personas. Un detalle cargado de erotismo. Una tormenta hormonal de tal envergadura que puede por sí sola desencadenar el enamoramiento.

Solamente con el roce de los labios estalla un torbellino de sensaciones y las terminaciones nerviosas están a flor de piel.
Esa mirada cómplice que precede al beso y el acercamiento de las caras activa el organismo y hace que se segregue noradrenalina con la consiguiente puesta en alerta. 

Los ojos interpretan cualquier señal, el cuerpo se tensa y se prepara para actuar...la piel aumenta su sensibilidad y justo cuando los labios se rozan transmiten al cerebro un dossier de datos sobre la presión, la temperatura, la humedad...de nuestro cuerpo.
Es en ese instante cuando la dopamina llega al cerebro y produce su complemento: la feniletilamina, una sustancia de nombre imposible pero que proporciona una maravillosa sensación de placer, plenitud y felicidad. 
Después de las fases de tensión previas al beso sentimos una deliciosa laxitud física de relax.

Solo con ésto...podemos quedar enganchados a esa persona. Uno de los contactos físicos más intensos que pueden regalarse dos amantes... 

La feniletilamina no se va así por así del cuerpo y el proceso continúa después del beso, haciendo que se fortalezca el vínculo con ese amante, al que si volvemos a besar se vuelve a cerrar el círculo echando de menos otro beso y otro y otro...convirtiéndose en una necesidad, en una maravillosa adicción.

Así que no vuelva a decir “no pasó nada...solo fue un beso”
No se lo cree ni usted!!

eltranviadelamoda.com




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