sábado, 16 de febrero de 2019

TE PUEDO LLAMAR...AHORA?


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#Aleertoca

En esta época puritana en la que se está determinando que todo puede ser un abuso se debe pedir permiso para todo.
Es una época agónica de novedades tecnológicas y de antiguas políticas, de costumbres sólidas que se han convertido solo en recuerdos…

Un hábito o una forma de comunicación se impone cuando piensas que lo que hacías antes se ha quedado obsoleto. Los primeros coches convirtieron a los coches de caballos en algo primitivo. Las primeras telenovelas, dejaron tambaleando un tiempo las películas de hora y media. El teléfono ha evolucionado hasta convertirse en escribir y escribir WhatsApp. Lo nuevo desplaza a su predecesor cambiándole el sentido.

Pero…cambiar continuamente es mejorar?

Cambiar de dieta, de miedito, de conductas, de forma de pensar, de teléfono resulta agotador.

Hace más de un siglo una persona intermediaba en tu llamada, girabas una manivela, pedías el numero y esperabas. Era todo un evento.
Tiempo después, había que girar un disco de números para que el teléfono del otro sonara. Podías contestar o no pero la invitación a lo desconocido se convertía en algo muy atractivo.

Quién no recuerda el chico del cole al que gustabas…llamando a tu casa?
Era un valiente. Sabía que iba a contestar uno de tus padres, había rezado para que no fuera tu padre el que pasara por ahí al sonar el teléfono. Y tu madre con cara de pilla preguntaba en alto para que tú lo escucharas:
“ De parte de quién?”

Ahora todo ha cambiado. Ya no hay valientes. Todos los niños a partir de los 12 años ya tienen su smartphone y se atrincheran detrás de un teclado para hablar con la chica que les gusta o…para hablar con muchas que les gustan.  El encanto se esfumó.
El teléfono se generalizó y se fué haciendo banal.

Dejó de ser una maravilla escuchar una voz al otro lado?

Todo empezó a ser una caza y captura. El correo electrónico, mensajes SMS, WhatssApp, Telegram, Messenger, Face Time, Video Chat… Nunca jamás una  llamada se había convertido en un abuso tal de confianza.

Ahora gente desconocida se lanza detrás de un teclado a intentar cogerte la mano, pasarte el brazo por el hombro, chatear porque les apetece…Es cierto que escribir tiene sus ventajas, puedes escribir mientras haces otras cosas, con menos temor a equivocarte, tomándote tu tiempo sin la urgencia que supone una conversación pero también tiene sus tiempos y hay que respetarlos:
“Oiga usted, ya le contestaré yo cuando pueda o…cuando quiera. Y tenga usted en cuenta que no contestar también es una respuesta.”

Una época que ha determinado que todo puede ser abuso, hay que pedir permiso para todo porque quién sabe qué sensibilidades estaremos molestando.

Una época que imagina que la palabra escrita es más eficaz pero agónica, invasiva y agobiante.
La época del WhatssApp, que se cree que como todas ha llegado para quedarse, ya nos está cansando.

Entonces, antes de tomarse semejantes libertades y esperar respuestas inmediatas pidan permiso y pregunten: “¿Te puedo llamar…ahora?”

Ya decidirá la otra persona si no está excesivamente ocupada…


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