jueves, 25 de agosto de 2016

FUISTE TU EL CULPABLE...O LO FUI YO?


A lo largo de nuestra vida son muchas las personas que hemos dejado por el camino. Me temo que nos ocurre a todos. Puede ser también que nos hayan dejado a nosotros, orillados o en la cuneta. A veces, uno no sabe por que.

Peleas, decepciones, ingratitudes, embarazosas situaciones de las que nadie se libra a lo largo de su vida.
Quien decidió que era mejor concentrarse en el pasado?Tenemos muchos rincones en la memoria donde conviven muchísimas personas que una vez fueron importantes...pero que ahora ya no pasamos ningún tiempo allí con ellas.

Qué pueden ofrecernos? Solo pensamos en el presente alejando así mas y mas el penoso instante de las explicaciones.

Pocas cosas hieren mas que sentirse traicionado por un amigo. Es entonces cuando conoces profundamente la enemistad. Sientes unas arcadas y te quedas helada cuando tienes motivos para preocuparte porque esa amistad que creías inmortal se ha convertido en una nube de afiladas flechas.

Pero aún así, no buscas perjudicarle...en atención al antiguo afecto, a una especie de lealtad hacia el pasado común, hacia lo que hubo y ya no hay.

Claro, el intercambio de impresiones con otras personas crea un hueco incomodo que tiende a ocupar nuestra vida cada vez mas...hasta que resulta difícil de disimular y la situación con esa persona se hace embarazosamente ortopédica.
Situaciones que nos cansan tanto, nos quitan tanta energía que deseamos no tener otra vida después de esta...nos agotan.

Lo malo es que puede ocurrir con personas que hemos querido anteriormente. Personas a las que incluso hemos querido ayudar y ahí es donde no sabes si haces un amigo o un enemigo.

Una situación arriesgada. El mero hecho de pedir ayuda aunque sea a un amigo representa una humillación y se lo hará pagar al que estuvo en condición de ofrecérsela, en esa condición de superioridad. Porque todo hombre tiende a ver las complicaciones que le rodean como únicas imaginando  que los demás no se las han visto en circunstancias tan difíciles.

Personas que unas veces, no perdonaran al testigo de su penuria o su decadencia temporal aunque sean su únicos salvavidas.
Otras veces se apartaran porque al otro le va demasiado bien y es un recordatorio de lo que no se tendrá.
Un exceso de lo uno y de lo otro es un peligro para quedarse solo y abandonado.

Pero muchas veces y no sabemos por qué, se desvanece una amistad. Ya no hay cenas semanales, no hay llamadas...Y aparecen nuevos amigos que desplazan a los antiguos. Si un ser querido se torna iracundo o solo habla de sus obsesiones nos da pereza verlo...y dejamos pasar el tiempo.

No ha habido riña, ni roce, ni ofensa...desaparece de nuestra cotidianidad y nosotros desaparecemos de la suya.
Hasta que un día te fuerzas a llamar a una de esas amistades porque quieres saber por un impulso;

si fuiste tu el culpable...o lo fui yo?

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