viernes, 24 de junio de 2016

SER MADRE...NO ES GRATIS


La maternidad es el único y grandísimo poder que la naturaleza ha concedido en exclusiva al género femenino. Concebir, gestar y traer hijos al mundo...
La maternidad es voluntaria o debería serlo. De ahí los conflictos. Las mujeres pueden serlo o no serlo sin tener que dar explicaciones...y no tienen que serlo obligatoriamente. Unas quieren y no pueden. Otras pueden y no quieren. 

Se dan por supuestas demasiadas cosas, certezas que tenemos grabadas de serie en el hipotálamo y con las que otras mujeres que ya han sido madres esmaltan brillantemente las conversaciones:

-Nacemos, creemos, nos reproducimos y morimos.
-Siempre hay una pareja para cada oveja.
-Los niños se crían solos.
-Ser madre es lo mejor que le puede pasar a una en la vida...

Se dan también voces internas y externas contrarias:

-Tener un  hijo te corta irreversiblemente las alas.
-Necesita todo tu tiempo y energía.
-Necesita tu abnegación y el producto interior bruto de un país en vías de desarrollo para crecer sano y feliz hasta que se decida a marchar a los 40 años. A sus 40 claro, no a los nuestros!! 
- Te hipoteca el presente, el futuro y la vida entera.
-Y después, hay que entregarse a la crianza sin pausa...

Estas ideas chocan como espadas igual que las preguntas que se siente con derecho a lanzar cualquier idiota de a pie acerca de por que una mujer no ha sido madre.

-Se le va a pasar el arroz.
-Estara sola de vieja.
-Que pena que no vale...
-O lo que es peor...no quiere la muy egoísta.

La maternidad, como la fama...cuesta.
Se empieza a pagar desde el minuto uno del embarazo. Y que importa a partir de ese momento? Casi nada. No son los actos menores que hacemos y se forman a lo largo de la vida lo que mas importa. Pasan...Donde están luego?
Importa lo que dura toda la vida.

Después con el bebe en brazos, pocas madres hablan de las nauseas gestacionales, de la depresión postparto, de la servidumbre de la lactancia, del vergonzante sentido de culpa de abandonar a la cría para salir a ganarse el sustento, de las dobles jornadas, de la sensación de ni llego ni alcanzo, de la constatación de que los problemas crecen al mismo ritmo que el neonato...

Mujeres que un día, así de repente, sintieron el instinto maternal, la alarma del reloj biológico zumbándole en los tímpanos, la llamada de la selva para perpetuar la especie.
Y después...tienen un hijo sano, deseado y monismo.

De que se quejan en realidad? De nada. Reconocen que un hijo puede ser lo mejor que les ha pasado. Han decidido cuando, como y con quien ser madres. 

Porque ser madre puede ser fácil o difícil, posible o imposible, es la más personal de las dicotomías pero nunca es gratis...

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