lunes, 30 de junio de 2014

DESAYUNO CON DIAMANTES

Me encantaría detenerme de nuevo frente al escaparate de Tiffany's en la esquina de la 5 y la 57, como hace años lo hacia camino del trabajo, siempre con la secreta esperanza de que a mi lado de detuviera Audrey Hepburn comiendose un bollo.

No me importaban tanto los diamantes como su reflejo en los ojos de aquella maravillosa mujer. Y es que una joya vale tanto como la ilusión que despierta en la persona a quien se regala.

Hace muchos años Richard Burton le regalo a Elizabeth Taylor un brillante de 60 quilates valorado en
5 millones de dólares (si, eso es lo que costó). No me parece que esa joya fuera mucho más valiosa que la fina cadenita de oro con mini corazón incluido, que un novio nervioso le regalara a su chica.

Porque si tuvieran que gastar un millón de euros cada vez que quisieran tener un detallito con nosotras ríanse ustedes de los bancos y las hipotecas.

Lo que quiero decir es que el valor de una joya está en los latidos que produce en el corazón de quien la recibe.

Yo,en el fondo no ambiciono tener grandes joyas. Me conformo con contemplarlas en cualquier lugar, en cualquier momento.......para disfrutarlas en secreto ......



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