sábado, 8 de septiembre de 2018

UN MAR DE SENSACIONES…la intensa huella del amor www.eltranviadelamoda.com


Cómo somos?  

Una parte de nuestra personalidad nos viene marcada genéticamente. Varios expertos separan dos dimensiones de nuestra forma de ser, de nuestra personalidad: el temperamento y el carácter.

El temperamento es lo más instintivo y biológicamente determinado desde que se nace y el carácter es lo que aprendemos y todo lo relacionado con la educación. No se hereda pero sí que podemos adecuar nuestro comportamiento en función del ambiente en que vivimos.

Según el psicólogo Hans Eysenck nuestra forma de ser tiene tres elementos básicos.

La introspección, el neuroticismo y el psicoticismo. No yay manera de ser mejores o peores solo que cada uno tenemos nuestras luces y sombras. Nuestro…”lado oscuro”.
La gente introvertida genera más neuronas sin apenas estímulos. Sin embargo, las personas extrovertidas son más sensibles a los impactos externos como las luces, los ruidos, nuevas experiencias…Impactos que provocan en el introvertido una especie de saturación que le agobia y desquicia.

El neuroticismo tiene que ver con la estabilidad emocional un rasgo ligado al sistema límbico., todo lo relacionado con las emociones como la atracción sexual, el miedo, la agresión, la inseguridad…A quien afecta todo está en continuo estado de tensión. Otros, sin embargo, son como piedras y manejan mejor las circunstancias.
Para quienes tienen el neuroticismo bajo todo es más plano y no se toman las cosas a pecho.
Las mujeres lo tenemos más alto y nos hace tener más riqueza emocional, es por ello que los hombres se hacen un lío cuando de repente  “irrumpen las emociones”.

Y el psicoticismo esta regulado por las hormonas gonadales y las enzimas como la monoamino oxidasa (MAO). Aquellos con episodios psicóticos presentan niveles altos de testosterona y bajos de MAO. Y por el contrario si el psicoticismo es bajo la persona es temerosa y huye del peligro.

El nivel de estos tres rasgos cambia a lo largo de la vida, los jóvenes tienen niveles de extraversion e independencia y desde pequeños buscan la estimulación, son egoístas y emocionalmente inestables. Sin embargo, en la madurez…esos niveles se van regulando, afianzándose, sobre todo, desde la maternidad.

Solo dos factores pueden hacer cambiar nuestra personalidad. Uno son los traumas: una guerra, el suicidio de alguien cercano, una enfermedad terminal…y otro la intensa huella que el amor marca en nuestro cerebro unido al refuerzo positivo que supone una relación amorosa-afectiva.

El amor…un mar de sensaciones que tiene el poder de hacernos cambiar.




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