miércoles, 13 de junio de 2018

POR QUÉ HABRÉ CAMBIADO TANTO...?


El trastorno de identidad disociativo o comúnmente dicho, personalidad múltiple, es una de las enfermedades mentales que más historias han llenado los cines y menos salas de espera de los psiquiatras.
Es un trastorno que hace que una persona pueda ser varias al mismo tiempo y con distintos nombres y si fuera poco... con personalidades compuestas y opuestas:  una llena de bondad y otra...malvada y asesina.

El cine se hizo eco con la fantástica película “Las dos caras de la verdad” en la que Richard Gere ejercía como abogado, investigando la muerte del Arzobispo de Chicago, y defendía  un clarísimo caso de personalidad múltiple representado magistralmente por Edward Norton; trastorno que le valió y sirvió para librarse de la carcel. 

Los que mantienen la existencia de esta “enfermedad” sostienen que se trata de personas con altas capacidades, que habiendo sufrido traumas infantiles e incluso abusos de algún tipo...se replantean “ese yo” con el que siempre se han identificado y se inventan uno nuevo con personalidades más fuertes con la idea de aparecer cuando ese ”yo débil” se encuentra mas vulnerable. 

No podemos olvidar que la verdadera personalidad de un individuo la forman el conjunto de rasgos de su carácter que se va modulando desde la infancia, pasando por la adolescencia hasta llegar a la madurez haciéndonos únicos.
Y podremos comportarnos de diferentes maneras, evitando mostrar parte de nosotros mismos pero jamás podremos eliminarlas definitivamente.

Es la interacción social la que consolida esos rasgos, fomentando lo que nos conviene y minimizando el  impacto que tiene sobre nuestras vidas esas peculiaridades que acabamos odiando de nosotros mismos y que nos alejan de esa felicidad que siempre estamos anhelando.

Todo este proceso se da mientras maduramos y es cuando tenemos unas enormes posibilidades de superarnos.

Hay casos de personas que ante situaciones graves intentan sin éxito asimilar el duro golpe pero...sus capacidades psicológicas están sobrepasadas, personas que no tienen suficiente “capacidad de asumicion”  y acaban disociándose, de repente no saben quienes son, no se reconocen.
Pero ese episodio no dura más de unas horas o, como mucho, dos o tres dias y no se recuerda nada. 
Como si en ese periodo de tiempo se hubieran borrado totalmente sus recuerdos y ni siquiera se abrigara la idea de que hubieran existido...

Es un descanso inconsciente para desconectar de uno mismo como mecanismo de defensa, en ese momento somos nuestros propios enemigos.
Esa congoja de sentir que uno se ahoga en un paroxismo de desesperacion.
Reflexionamos hasta devanarnos los sesos por averiguar qué pudo dejarnos en esa situación.

Todas esas experiencias que arrastramos se agrupan sólo en una persona. En cada uno de nosotros. Y al final del camino, la suma de experiencias buenas y malas hace imposible que sigamos siendo los mismos del principio.

Por qué habré cambiado tanto?

Qué persona elegiré ser hoy...?

eltranviadelamoda.com




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