sábado, 30 de junio de 2018

EL ARTE DEL SILENCIO


Los erizos se buscan para darse calor y poder sobrevivir en las frías noches de invierno. Según “El dilema del erizo” escrito por Arthur Schopenhauer, han de calibrarse cuidadosamente para no lastimarse con sus púas a una distancia que les permita recibir su calor...sin dolor.

Schopenhauer evocaba a través de su parábola la gran paradoja de las relaciones: cuanto más estrechas son más probabilidad hay de acabar heridos, pero el alejamiento provoca sufrimiento y soledad. 

Cómo resolver el dilema del erizo?

Las buenas relaciones son una de las claves de la felicidad y eso se consigue a través del arte del diálogo, donde cada uno defiende sin imponer su propia opinión y es capaz de escuchar lo que quiere decir el otro.
Confesiones, críticas, opiniones...todo es productivo desde el plano racional y debemos basarnos en lo que nos une para resolverlo.

Un buen diálogo debe reunir ciertas condiciones:

- Motivación. Porque díalogar no es desahogarse sino mejorar la relación con el otro.
- Frecuencia: Cuanto más...mejor y cuanto más se pospone peor.
- Momento: Elegir el día adecuado para tratar el tema crítico cuando no se está estresado ni tenso y evitar encontrarse con alguien que tiene el corazón hinchado de orgullo.
- Síntesis: las cosas importantes no se resuelven de una vez, así que después de un intercambio de ideas lo mejor es “ir al grano” y tratar un tema cada vez.
- Tono: es muy importante saber decir las cosas, evitar sarcasmos, un tono autosuficiente y palabras que puedan herir.
- Respeto: Mejor hablar de uno mismo antes de acusar relatando una preocupación concreta y si se puede, con sentido del humor.

Pero el mayor obstáculo para el diálogo es el desbordamiento emocional; ese volcán de sentimientos que surgen cuando se escucha algo que no agrada. 
Ese trato desagradable que basta para convertir a un santo en demonio.
Por esa razón hay personas que prefieren evitar el contacto para no sufrir ese huracán emocional y aprenden a callar.

Los defensores de la sinceridad piensan que hablar es un acto casi...sagrado. 
Pero a veces, un ataque de verborrea sin filtro alguno puede tener tremendas consecuencias.
Hoy la gente lo sociabilidad todo...pero no es lo normal.
Y a veces, lo mejor es aprender el arte del silencio.

Miedos y obsesiones que hacen que podamos hacer daño inútilmente cuando además, el asunto no tiene arreglo.
Lo que puede parecer un acto de sinceridad puede convertirse en un “Sincericidio”.

Y ya puestos, cuando tenemos ese diálogo desarrollamos una especie de simulador de relaciones que saca a la Luz las trampas de la manipulación en las que los oponentes ofrecen una muestra de su verdadero carácter y en un acto nuestro de sinceridad podemos encontrarnos con:

Los que se hacen la victima: “Como me dices esto?”
Los que acusan: “Ya sabia que tú eras peor...”
Los que preguntan: “Por qué me dices eso...?”
Los pasotas: “ No te creas tan importante contándomelo.”

No cabe duda que los seres humanos, a diferencia de los erizos, llevamos las púas por dentro y no por fuera.

Por eso, el silencio, sin ningún lugar a dudas, también es un arte.

eltranviadelamoda.com




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