domingo, 14 de agosto de 2016

ETERNAMENTE CONECTADA...EN LA SOLEDAD


Es fácil comprender por que la Red puede atraer a una persona que está sumida en la soledad crónica. Se puede tener compañía sin tener que estar expuesta, sin que te pillen deseando algo. 
Puedes buscar contacto o esconderte, ocultarte o presentarte, seleccionando con cuidado una versión refinada de ti misma que te haga sentir segura.

Solo los "favoritos" de Twiter o los "me gusta" de Facebook, herramientas para alimentar el ego de los usuarios, pueden hacer que seamos tan bobos y dejar como las babas de caracol, un rastro electrónico de opiniones...
Una locura.
Una entrega de tiempo a cambio de nada tangible. Incluso la ausencia de un "me gusta" puede hacer que aflore la soledad , la deprimente sensación de haber sido incapaz de conectar. A veces, tan dolorosa como la que surge de los encuentros en la vida real.

La Red, ese pergamino interminable escrito por gente a la que ni siquiera conocemos y en donde somos una presencia incorpórea. Un río de información, sentimientos y opiniones al que le acabas prestando más atención que a tu vida misma.

Aquellos que en la era del papel solían leer montañas de libros, ahora miran por la pantalla quedando hipnotizados con los datos y los píxeles de colores buscando un estímulo.
Buscando hacer clic una y otra vez hasta que las conexiones neuronales explotan...hasta que acaban inundados de superficialidad, llena de una turbación que hasta les hace enrojecer.

Que buscamos? Que queremos? Cosas contradictorias.

Sentimos que la Red nos invade hasta el punto de aniquilar nuestros sentimientos, pero de nuevo reafirmamos nuestra presencia haciendo saber al mundo que estamos ahí...pensando a través de nuestros dedos. 
Tragando información que con su garantía de conexión creemos sus hermosas y resbaladizas promesas de anonimato y de control. Y no nos damos cuanta que estamos a punto de perder el arte del habla.

No sabemos por qué queremos mirar y queremos ser vistos. Y por alguna extraña razón, ambas cosas son más fáciles a través de la pantalla, la venerada amante argéntea.
Podemos estar fascinados, nerviosos, enfadados pero por fuera parecer muertos, cuerpos solitarios arrebatados por una maquina.
Parece como si hubiéramos vertido todo nuestro ser en ella.

La soledad: un icono del aislamiento y la dependencia de datos propios del SXXI.

La sensación de aislamiento donde se nota la carencia de contacto, de vinculación...eternamente conectados en la soledad.

eltranviadelamoda.com 
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1 comentario :

  1. " Muy buenas tus reflexiones y muy sabias, es cierto eso de que nos aferramos a una pantalla y buscamos en ella lo que a veces no encontramos a nuestro alrededor, en las redes somos como queremos ser o más bien como nos gustaría que nos vieran los demás, es creer sentirnos acompañados en nuestra propia soledad" Tito Fabio.

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