viernes, 8 de julio de 2016

LA SÍLABA PERFECTA


"El primer pensamiento es el mejor pensamiento"
Ese acto intimo. El de la entrega. Ese acto que tanto se parece al otro...El acto de escribir.

Un escritor desea escribir como suena Miles Davis. Quiere convertir su prosa en un hálito continuo sin reflexión, sin pausa, sin marcha atrás. Como el que enciende un cigarrillo tras otro.

Un escritor es alguien que encadena copas en los antros...como el que convierte su vida en un rollo sin fin, sin fisuras, sin espacios en blanco. Si acaso, espacios en negro.

Dicen los testigos - testigos que nunca se pusieron de acuerdo- que Dylan Thomas llego vivo hasta un hotel. 
Dicen que antes de caer inconsciente le dijo a su amante: "me he bebido dieciocho copas de golpe. Creo que es un récord."
Dicen que a la mañana siguiente tuvo fuerzas para meterse unas cervezas reparadoras. Lo siguiente fue el hospital y después...la muerte. Se llevó consigo todos los demonios y algunos ángeles.

Para un escritor, es preciso dar salida a todo lo que le devora desde su juventud ya que de lo contrario eso...le acaba devorando a el mismo. Y acaba narcotizado aporreando su máquina.

Para escribir no puedes hacer nada mejor que entregarte con una comprensión humilde. Y esperar que el resultado sea un deleite, un alivio contar hasta los secretos mas personales de uno mismo.
A veces no necesita ni escribir. Los demás lo hacen por el. Se cuelan en sus obras, sus relatos y en sus fantasías lubricas.

Pero un escritor siente la sensación física de asfixia desde el mismo instante en el que nace y es preciso que tenga una válvula de escape...
Esa sensación de asfixia forma parte de la catástrofe general de un escritor y se dan cuenta como, muy a menudo, el cuerpo humano tiene un aspecto muy frágil...fácilmente vulnerable y un tanto poético!!

Parece inacabado. Incompleto.
Es agotador. Sacar lo que llevas dentro. El placer. O el dolor de no alcanzarlo. Es agotador. Dejarte caer hacia el final sin red.

Son las palabras, quizá las mejores, las que dejan caer por las noches, estos genios irresponsables entre sabanas  húmedas en verano y gélidas en invierno. Sin mas blanco que el de las páginas o el de las sabanas. Manchadas de tinta o de su sudor.

Versos que se perdieron y palabras que habrían tenido sus días de esplendor.
Un escritor comprende que buscar el placer es como buscar la sílaba perfecta. Ir con todo, sin temor, aunque resulte agotador.

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