lunes, 4 de julio de 2016

"DON ERRE QUE ERRE"


Dicese de aquella persona cuya dureza neuronal entiende poco de la plasticidad que se le presume a este tipo de células. Es decir, personas de mollera rocosa e impenetrable, lo que se viene a llamar..."de ideas fijas".

Tal y como nos lo recuerda Paco Martínez Soria en su genial interpretación de Don Rodrigo Quesada, en la famosa película "Don erre que erre" dirigida por Jose Luis Sáenz de Heredia. Cabezon, intransigente y que no teme enfrentarse a quien sea cuando cree que tiene razón...que resulta ser casi siempre.

Pero no piensen ustedes que se llevo ese gran actor a Don Rodrigo con el a la tumba. Sigue habiendo, a día de hoy, entre nosotros personas que se quejan de la vida cotidiana, contagian negatividad, se alejan de los demás y encima no pasan a la acción para solucionarlo.
No dejan de quejarse. No hablamos de las quejas sociales que pretenden crear un mundo mejor. Hablamos de esas quejas tóxicas de la vida diaria.

Existen las personas afectuosas que viven en un mundo afectuoso. Y existen las personas hostiles que viven en un mundo hostil.
Como es posible entonces todo esto...si vivimos en el mismo mundo? 
Porque la realidad es solo una perspectiva.
Podemos vivirla agobiados o buscar lo positivo aunque esto último exija más energía que el mero hecho de quejarnos.

Como debemos desafiar y evitar ser unos quejicas tóxicos?

1-Debemos ponernos metas.
Ya lo escribía Kerouac...
"Esta noche voy a escribir a lo grande y amar a lo grande y a estrangular esta locura. Estoy atrapado en estos malditos cambios de propósitos en carne viva ...Desafío todo lo que se atreva a mirarme a los ojos de esa manera hostil en defensa de mi ser".

2-Debemos localizar los tipos erre que erre.
La queja y la cabezoneria constantes les hace sentirse superiores sin serlo. Su autoestima siempre esta a salvo. Su mal humor es su arma de presión porque afrontan la vida como una situación de guerra.
Representan caras con la imagen de una persona amargada, repetida en mil espejos. El reflejo de su cara atravesada por una flecha que hace diana. El ego exorcizado.

3-Descubrir los auditores:
Personas que tienen como frase preferida "Si, pero..." Incapaces de disfrutar y de dejar que otros lo hagan.
Desean buscar el placer pero...no lo consiguen explicar con palabras. Como si la vida fuera algo que viven los otros y acaban siempre refunfuñando.

El verbo se hace carne y la carne sufre las heridas de esas quejas que se acaban convirtiendo en su segunda piel.
Se confunde la idiotez del que no sabe pedir con la generosidad del que sabe dar...El acontecimiento entre la generosidad y el exhibicionismo.

4-Debemos evitar ser la eterna víctima.
Todos los males son por culpa de la sociedad, de la infancia, de los padres, del jefe...Se llegan a elegir culpables preferidos. Víctimas a la defensiva. Sin autocrítica.

Se debe aprender a pedir aunque se corra el riego de recibir un no. Y confesar. Hacerlo sin corazas por el supremo gusto de la variedad. Por la explosión que nos justifica, que nos explica, que nos arrasa.
Hasta comprender que nunca somos tanto nosotros mismos como cuando nos entregamos en el acto de pedir, dar y recibir.
Y sin pausa y sin temor...ceder. Para no llegar a ser "un erre que erre" y la flecha nunca nos alcance en la diana.

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